Amanecer en Acebo. JPR
Amanecer en Acebo. JPR

Seguiremos trabajando, como gusta decir a Sara Fontán, por dejar parte de nuestro trabajo personal en el humilde y altruista compromiso con nuestra tierra, pero –añado yo- que lo hacemos desde la sencillez de la opinión en libertad. Libertad de expresión para la Bruja y don Cristóbal, aunque ni yo sea don Cristóbal, ni sea bruja la directora

Aquel triste agosto del pasado verano de 2015, un premonitorio escalofrío recorrió mi cuerpo. Habíamos sufrido el incendio más grande jamás conocido sobre los tres pueblos serragatinos que fueran, tiempos ha, de Alba y un titular de prensa comarcal se alzó  sobre la cumbre de la diosa Jálama con la misma velocidad con que la miseria humana sucumbe en los infiernos.

Casi cuatro años recibiendo semanalmente, sin pausa, las noticias de la Sierra de Gata no habían sido suficientes para crear en torno al noticiario la suficiente conciencia de su necesidad y, sin embargo, un cierre más agarrado al paréntesis de los “casi” que al aniversario de los “cuatro”, ha provocado la catarsis necesaria para ser tenido en cuenta y para provocar la reapertura de sus páginas a la curiosidad del Amanecer en Acebo. Completa. JPRamable lector. Se siente lo que no se tiene y a veces no nos damos cuenta de lo que tenemos. Desde fuera, velei, muchas comarcas españolas nos miraran con envidia sana: ¡Qué suerte!

Entre los lamentos, por las horas difíciles vividas por los serragatinos y serragatinas desde que se iniciara el incendio del 6 de agosto, en el monte de la Osa de Acebo, hasta su extinción, nadie podía pensar que el diario Sierra de Gata Digital, nacido un 21 de febrero de 2012, se levantara con un contundente titular: “El incendio serrano quema esta redacción”. Unas pavesas llegaron bailando, como un pez en la mano o un papel en el fuego, para asaltar la rotativa. Tocado pero no hundido, me dije, eso son cosas de trasantiel, y así fue. 

Seguiremos trabajando, como gusta decir a Sara Fontán, por dejar parte de nuestro trabajo personal en el humilde y altruista compromiso con nuestra tierra, pero –añado yo- que lo hacemos desde la sencillez de la opinión en libertad. Libertad de expresión para la Bruja y don Cristóbal, aunque ni yo sea don Cristóbal, ni sea bruja la directora. Esto –me explicaba afanada ella- es lo que distingue a las sociedades libres de las dictaduras, a los justos de los fanáticos. Siendo eso cierto, es también verdad que la respuesta, afortunadamente, quedó en el viento.

Mire usted que casualidad que, al tiempo que recibo un wasap con la foto de un madroño reverdeciendo, me comunican que verdegueará de nuevo el digitalinu (que tamién  hue conoziu pol dalgunus, ena nuestra palra, cumu serragatinu degital). ¡Vamos Julián, levántate y escribe! me dijo Sara, i al passu dili argu al dagalinu essi tan salau que sabi tantu i se sostriba dela nuestra lengua.

Os contaba yo, en otro contexto, que  a veces la naturaleza, sedienta de la savia pérdida en su manto de mil flores y en el pegajoso olor de la jara, anima a los pueblos serragatinos a continuar con el sentimiento ganado a la historia en la unidad mancomunada, queriendo redescubrir las noticias actuales y las crónicas antiguas que, los más viejos, transforman en leyendas.

Ahora que verdeguea el campo con las frías lluvias del invierno, las plantas orgullosas asoman los tallos de ilusión y esperanza y el Sierra de Gata Digital reverdece con sus hojas de renglones rectos y sus sueños compartidos por el eco de las gargantas y el canto de las torrenteras. El Digitalinu consigue así, de nuevo, vestirse con los colores variados de la nuestra tierra. La montaña fundida con el valle y, juntando todas las manos, los pueblos unidos en cadena, que costó mucho la unidad de la Sierra.

Lo que puede liar el Digitalinu, como la lio el pollito, surge como un hilo de esperanza, un sentimiento razonable de que no podrán arrinconarnos en soledad completa. En definitiva que, antes que mal informados por levantamiento de falsos, costumbre esta malsana, mejor que nos den noticias bien documentadas.

Fotos.- “Amanece en Acebo”. Foto Julián Puerto.

 

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