Olivos de Van Gogh con cielo amarillo y sol. IMAGEN DE ARTEHISTORIA
Olivos de Van Gogh con cielo amarillo y sol. IMAGEN DE ARTEHISTORIA

He mirado tantas veces tus cuadros, Vincent, tan veces que, en los momentos de melancolía, pienso que llevo conmigo los lienzos de horas tuyas y, nada me extraña, que la angustia habitara en tu musa, en tus pinceles de ensueño y alma, pensaras, quizás, en la “Pasión de Jesús”, porque en tu mirada brotarían “esos modelos”, palpitaría un corazón en tu alma religiosa. Qué menos. Como brotaría la esencia y presencia de esos troncos retorcidos,  como dolor del tiempo, las ramas caídas de esas aceitunas, pendientes del sol de la mañana y de la tarde, cuando imitabas a la Naturaleza, la cogías de la mano de sus colores y los plasmabas en tus lienzos, siempre con la gracia y la donosura de tus pinceles, hijos de un Dios menor, el color deslumbrante alrededor del Sol, tu tan concéntrico, hijo iluminado y humilde de la Naturaleza, que tus ojos y tus pinceles creabais un mundo original, pues como Gauguin y Bernard, que, también habían bebido del río del Impresionismo.

Qué genio, qué modo y manera de robarle a la Naturaleza uno de tantísimos paisajes como nos deja El Creador: mirarlos con otra retina, olivos que plantabas en el lienzo y nos los regalabas, como Dios nos ofrece, cada día, la grandeza de la tierra y ahí, estáis vosotros, pintores, con la retina de los pinceles, para inmortalizar el regalo y la grandeza de cada día. Tú que jugabas, como un niño mayor, con los colores y su contraste del azul y los tonos naranjas; y la sombra grisácea de los tonos grises.

Nos dejaste, Vincent, tal regalo de cipreses – Gironella escribiría un libro: “Los cipreses creen en Dios” -, y de olivos y recuerdos, como buen discípulo de Pissarro en las montañas malvas, todo tu amor que brotaba de la madre Naturaleza, como un canto pictórico, tú tocado por el espíritu, que tuviste vocación espiritual de ser pastor, paleta muy florida de amarillos, verdes y azules. Y que escribirías a tu hermano Theo: “Los árboles son de plata antigua, a veces más azul, verdosa o tonos bronces fundidos en blanco”.

Cómo habrías gozado en nuestro paraíso de Sierra de Gata. Fíjate en ese ejército numerosísimo de olivos. “El efecto de la luz y el cielo (que) supone que en los olivos se pueden encontrar temas sin fin”, palabras que escribías a tu hermano Theo, el año 1889”, año de gran inspiración, que dejarías en el óleo nada más y nada menos que dieciocho cuadros, inspirado por los olivos.

Qué pena que nos dejaras sin una visita a Sierra de Gata, uno de esos óleos, qué belleza. De todos modos, te vemos imaginativamente – yo, al menos- con un sol cálido acariciando nuestros olivares, quizás en mi Guijarral y su coqueta charca. Yo los veo como tú – a los olivos - en tonos amarillos con cielo y sol. ¡Ah¡ sin esos tendidos por donde va la luz eléctrica y quizás sientan algo, al ver un ejército de olivos como este y sus ramas de paz, ¡qué vaya si nos hace falta, Vincent!

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

 

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