AUTORES EXTREMEÑOS

La novela policíaca de Eugenio Fuentes, una excelente lectura para el verano

Y como cosa prometida es medio debida, comenzamos nuestras recomendaciones literarias (de autores extremeños) para este verano. Y lo hacemos con las novelas de Eugenio Fuentes (Montehermoso, 1958), obras de lectura muy agradable, bien escritas y bien tramadas. En ellas, está garantizada la unión –siempre tan difícil- de entretenimiento y calidad literaria
Eugenio Fuentes, escritor
Eugenio Fuentes, escritor

La bibliografía de Fuentes, afortunadamente para sus lectores, cuenta ya con un número significativo de títulos que incluyen artículos periodísticos, ensayos, cuentos y novelas publicadas dentro y fuera de nuestras fronteras. Nuestro propósito es que no os perdáis el disfrute que os proporcionará su lectura. Podríamos empezar, por ejemplo, hablando de Tierras de fuentes, colección de ensayos en los que el autor lucha contra los tópicos que han caracterizado a nuestra tierra durante tantos años y que, lamentablemente, aún siguen considerándose válidos para describir tanto a Extremadura como a los extremeños. En ellos, demuestra conocer como pocos nuestro patrimonio histórico y natural y, por supuesto, a nuestras gentes.

Pero hoy vamos a centrarnos en un género que cultiva con indudable maestría: la novela negra, considerada por una parte de la crítica –no entendemos por qué- como un género menor, restringido al entretenimiento y sin pretensiones literarias. Fuentes traspasa, con éxito, todos estos límites, fundiendo en sus historias –siempre bien contadas– rasgos de las novelas realistas decimonónicas y de las novelas psicológicas, con una calidad expresiva, además, difícilmente alcanzable.

Y todo esto es lo que nos ha llevado a nosotros hoy a hablar de sus novelas policíacas, protagonizadas por el detective Ricardo Cupido quien, con la ayuda de su inseparable y divertido amigo, el Alkalino, resuelve los misterios que envuelven los asesinatos que se plantean en estas historias.

Vivimos su primera aparición en Las batallas de Breda, cuando él no es más que un chaval que comparte con sus amigos historias de amor y de muerte. Más adelante, se convertirá en el detective protagonista de El interior del bosque, La sangre de los ángeles, Las manos del pianistaCuerpo a cuerpo y, de la última novela del género del autor extremeño, Contrarreloj. Sabemos muy poco de Cupido; solo que es un individuo pesimista, marcado por la muerte de su hermano, con muy pocos amigos y nada dispuesto a mantener una relación estable con una mujer. Con paciencia, observando una a una todas las pruebas, construye el rompecabezas que le lleva a descubrir la verdad de los hechos, sin inmiscuirse en la propia historia, sin relacionarse más de lo necesario con sus protagonistas, pero siempre preocupado por los motivos reales que han llevado a cometer el asesinato en cuestión.

Cupido realiza casi siempre su trabajo en Extremadura, camuflada bajo el nombre de Breda, un lugar verde, con bosques, una tierra fértil, como la que el propio Fuentes dice recordar de su infancia. No asistiremos con él a escenas de violencia –no le interesan al autor. Su trabajo se centra más en el análisis psicológico de los personajes que se mueven en torno a los asesinatos. Lo más importante de estas novelas no es la búsqueda del asesino (que el lector puede deducir fácilmente en algunas ocasiones). Lo interesante es la construcción de ambientes y de los personajes que se mueven por el relato, sus temores y sus deseos.

Fuentes consigue atraparnos desde la primera página, tanto por lo que dice como por la forma en que lo expresa. Sus personajes captan nuestra atención y nos interesan desde el comienzo; queremos conocerlos, que nos cuenten más sobre ellos. Y puedo aseguraros que nunca nos sentimos defraudados. Hamelt –ciclista- contempla su bicicleta como un “instrumento de tortura” mientras se prepara para una de las carreras de un Tour lleno de sorpresas; Samuel –enamorado furtivo- espía a una mujer a la que admira por la dedicación diaria a su hijo y, fruto de ese espionaje, se convierte en testigo indirecto de un crimen; Gloria –pintora reconocida- aparece salvajemente asesinada en el interior del bosque; un pianista fracasado se ve obligado a emplear su tiempo en ocupaciones tan poco estéticas como la eliminación de animales (¿y acaso personas?) incómodos. Cualquiera de ellos puede ser el culpable, cualquiera puede convertirse también en la víctima, y no podemos prescindir de ninguno porque todos ocupan su lugar dentro de la narración.