La crudeza necesaria en la literatura de Dulce Chacón

Afirmaba José Saramago que las historias contadas por Dulce son duras pero “necesarias”. En ellas, encontramos dos temas recurrentes. Por una parte, la soledad de mujeres inmersas en relaciones sentimentales destructivas. Por otra, la Guerra Civil Española y la inmediata posguerra narrada desde la perspectiva de aquellos que vivieron la represión franquista
La voz dormida, de Dulce Chacón
La voz dormida, de Dulce Chacón

El nombre de Dulce Chacón (Zafra, 1954) va muy unido, en la actualidad, a la historia de esas mujeres que en la posguerra española sufrieron el encarcelamiento, el escarnio y el maltrato por parte del bando de los vencedores. Nos referimos, evidentemente, a su novela La voz dormida, de gran éxito en los últimos tiempos debido a la adaptación cinematográfica que ha llevado a cabo el director Benito Zambrano. Para escribirla, la autora recorrió el país conociendo testimonios de primera mano y suavizándolos porque, a su juicio, no podía narrar el excesivo horror que vivieron estas mujeres. Hortensia, encarcelada por sus ideas republicanas, será ejecutada en la cárcel en cuanto nazca su hijo. Su hermana Pepita lucha encarnecidamente para que le entreguen al niño y no lo den en adopción.

Dulce, pese a su muerte prematura en el año 2003, nos dejó una obra que, aunque breve, posee la suficiente calidad literaria para haber sido reconocida por la crítica con premios prestigiosos como el Azorín. En Cielos de barro, escrita con anterioridad, aborda también el tema de los abusos durante la Guerra Civil Española. Y lo hace en boca de un anciano alfarero que cuenta cómo ha sido la vida de amos y criados en los pueblos extremeños durante muchos años haciendo un retrato fiel y detallado del caciquismo. El anciano indaga en su memoria con el propósito de recuperar hechos del pasado que ayudarán a defender a su nieto, un pastor injustamente acusado de asesinato en el cortijo donde su familia ha trabajado durante muchos años. Una vez más la autora relata con dureza la historia, empleando el vocabulario propio de la tierra y creando en Antonio, el alfarero, un personaje entrañable, representante de la sabiduría popular.

La mujer ocupa un lugar primordial en la literatura de Dulce Chacón. Así, en su primera novela Algún amor que no mate, narra la vida de dos mujeres, esposa y amante, maltratadas ambas por el mismo hombre. La primera, destruida psicológicamente, no ve más escapatoria que su propia muerte. La segunda, sin embargo, consigue huir, harta de palizas y vejaciones, para no volver jamás.

En Blanca vuela mañana o en Háblame, musa, de aquel amor, la mujer vuelve a ser la protagonista, una vez más. Son novelas cortas cuyo eje principal es la incomunicación, la soledad, dentro de la pareja cuyo único recurso acaba siendo la huida y, con ella, la soledad.