'De los espacios cerrados', narrativa breve, poética, intensa. “Un libro de cuentos que no lo parece”

Si a usted, como a mí, le gustan los relatos cortos, creo que podemos afirmar que acertará con la elección de este libro. Es fácil, entretenido, agradable… Las palabras desfilan ágiles y sencillas por cada cuento, de muy diversa caracterización
El escritor José María Cumbreño. IMAGEN de su blog liliputcontrablefescu.blogspot.com
El escritor José María Cumbreño. IMAGEN de su blog liliputcontrablefescu.blogspot.com

José María Cumbreño (Cáceres, 1972), filólogo, profesor de Enseñanza Secundaria y escritor consigue en esta colección de cuentos, De los espacios cerrados (Fundación Manuel de Lara), ese desafío continuo del microrrelato que consiste en lograr decir mucho empleando muy pocas palabras. Con ella, se le concedió el II Premio de Narrativa Corta de la Generación del 27, etapa literaria a la que el autor rinde aquí un particular homenaje en forma de poemas en prosa, greguerías, aforismos… bajo la apariencia de minicuentos, subdivididos en seis secciones.

Si a usted, como a mí, le gustan los relatos cortos, creo que podemos afirmar que acertará con la elección de este libro. Es fácil, entretenido, agradable… Las palabras desfilan ágiles y sencillas por cada cuento, de muy diversa caracterización. Encontramos en él relatos extremadamente breves (dos o tres líneas), cuyo ingrediente principal es la ironía o el escepticismo, como en “La jaula”, otros un poco más amplios, “Animales vertebrados”, auténticos poemas en prosa, “Promesas” o “Mensajes en el contestador”…, en los que emplea diferentes estructuras y géneros. La sección “Memoria de las apariencias”, por ejemplo, es un magnífico ejemplo en el que un relato se convierte en un poema cuyo protagonista es el teatro. A nosotros nos ha entusiasmado, particularmente, la sección “Objetos”, donde realiza un inventario de utensilios prosaicos (un buzón, una hucha, una peonza…) con los que construye preciosas metáforas, siguiendo la estética de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna.

¿Por qué espacios cerrados? Porque todos se desarrollan en ambientes muy limitados: un probador, un armario, una casa… o, si no, en vidas cerradas, como la del protagonista de “El cartero”, que toma la decisión personal de no salir de su casa, o la del personaje central de “Agorafobia”, resumida en el propio título. Ese es el hilo que vertebra los cuentos. Cumbreño trata en ellos temas de muy diversa índole, desde las relaciones de pareja, las manías, el mundo de la infancia, anécdotas, el paso del tiempo, las artes (literatura, pintura)… Todos ellos se desarrollan en un ambiente urbano por el que desfilan personajes bien trazados, empresa difícil, por la brevedad.

Muchos de estos relatos aparecen escritos en primera persona y atisbamos en ellos experiencias personales del autor, pequeños guiños autobiográficos, bien de su vida laboral, “Alumnos con asignaturas pendientes”, o personal, “Las fotos del neceser”. Todo ello, además, sin que falte el humor, como en “El anillo” (Ponérselo resulta fácil. Quitárselo no tanto), pero presente, muy especialmente en la sección “Veinte calas en la historia de la pintura” (colección de anécdotas sobre pintores que nos aseguran una sonrisa).

Para Ernesto Sábato, que una obra literaria sea sencilla no implica necesariamente que sea espontánea. Por el contrario, esto requiere un arduo trabajo con la depuración del lenguaje cuyo resultado, en este caso, es la precisión lingüística, la pureza y la huida del retoricismo. Poemas en prosa o prosa poética. Una delicia, en cualquier caso.