Cercas retrata la España de los ochenta en su novela 'Las leyes de la frontera'

Dice el autor, a propósito del título de su novela, que le recuerda a una película de vaqueros, aunque muy poco o nada tiene que ver, realmente, con una aventura del oeste
Javier Cercas
Javier Cercas

Dice el autor, a propósito del título de su novela, que le recuerda a una película de vaqueros, aunque muy poco o nada tiene que ver, realmente, con una aventura del oeste. Un escritor busca información sobre “El Zarco” porque pretende publicar sus andanzas. Esto da pie a que la historia se desarrolle a partir de las declaraciones, en cuatro extensas entrevistas, que hacen sobre él tres personas que, treinta años atrás, se relacionaron con él.

Antonio Gamallo, ”El Zarco”, es un delincuente de ficción inspirado en el personaje real de “El Vaquilla”, famoso en los años ochenta. Es uno de los muchos quinquis que vivían en los barrios marginales de Gerona en los años setenta y ochenta y que el autor, porque vivió muy cerca de ellos, conocía tan bien.

Sin embargo, otros personajes acaban ocupando un primer plano en la novela, muy por encima de este. Entre ellos, El Gafitas, que se une a la basca de “El Zarco” huyendo del acoso escolar al que vivía sometido y en la que permanece durante los meses estivales porque no quiere apartarse de Tere, de la que se ha enamorado y que le descubre el sexo. Es un chaval de 16 años que, de esta forma, cruza esa frontera que separa el mundo en el que siempre ha vivido del mundo marginal que va a conocer a partir de ahora y que marcará, de alguna forma, el resto de su vida. Y esa frontera, además, es la que divide la novela en dos partes: más allá (al margen de la ley) y más acá.

Junto a él, Tere, personaje un poco enigmático al que no llegamos a conocer y a partir de la cual la novela nos ofrece, como segunda lectura, una intensa y extraña historia de amor.

Y mientras vamos conociendo la historia de cada uno de ellos, asistimos a una extraordinaria descripción de la España de la época, en la que muchos jóvenes acabaron enganchados a la heroína (hasta entonces inexistente en el país) sin que la sociedad no solo no hiciera nada para evitarlo, sino que, además, con su indiferencia, condenara a estos jóvenes a la delincuencia como única forma de sobrevivir. Es, en palabras del autor, la imagen real –desde la literatura- de lo que éramos: un país “ tercermundista”.

El propósito de Cercas parece estar encaminado a contrarrestar la mitificación que se ha llevado a cabo, por parte del cine y de la música, de unos delincuentes juveniles de la Transición cuyo único objetivo es vivir la vida al límite, entre el alcohol, la delincuencia y las drogas. Recordemos a “El Vaquilla” o la música de “Los Chichos”: “Es feliz aunque vive errante, vive como un fugitivo siempre, siempre va narrando, siempre perseguido”.

La historia, pese a la complejidad de su estructura y pese al previo ejercicio de investigación que intuimos sobre las cárceles, sobre la delincuencia en los años ochenta o sobre la Gerona de la época, se desenvuelve fácilmente. La narración es amena, las descripciones de lugares y hechos también.