ACEBO. Capital del encaje de bolillos (I)

Sin lugar a dudas, este pequeño pueblo de Acebo, enclavado en los valles de Jálama, allí donde la sierra eleva hasta 1.492 metros de altitud su felino nombre, pudo ser la capital del encaje de bolillos, bien porque su técnica de fabricación llegara a través de los árabes o porque lo fuera en las sucesivas reconquistas acaecidas desde el siglo X

Encajeras acebanas
Encajeras acebanas

Lo que podemos dar por seguro, porque lo hemos vivido, es que las encajeras acebanas, modernamente denominadas bolilleras y palilleras en el ámbito nacional, no sólo manejaban con facilidad el difícil movimiento de los bolillos fabricando hermosos dibujos de hilo, sino que montaron todo un conglomerado artesanal en torno al producto.

Dibujantes, artesanas (individuales y agrupadas en talleres), albarderos, carpinteros y vendedores se unieron para crear una floreciente industria, artesanal y artística, en esta localidad serragatina.

Este lugar, dicen las crónicas, fue el primer pueblo extremeño donde se hicieron encajes de bolillos. Si fueron las mujeres cacereñas las que comenzaron la fabricación de encajes, en los últimos años de la invasión musulmana, poco a poco nos damos cuenta de la importancia de lo que estamos hablando.

Árabes, egipcios, asirios, iberos... ¿Quién se atreve ahora a comentar la historia sin documentación, asegurando certeza, toda vez que los últimos hallazgos sobre Miguel de Cervantes, han revolucionado la historia conocida de su vida?.

Lo que yo puedo aseguraros es que durante los siglos VIII al X, los reyes leoneses tienen en mente y comienzan la imparable reconquista, impulsados espiritualmente por la leyenda visigoda del asturiano don Pelayo. Allí por donde pasaban los asturleoneses dejaban la señal de la cruz, construyendo conventos y ermitas, fundando templos que decoraban con ricos paños de hilo.

Durante mucho tiempo la antigua ciudad de Legio, ahora llamada León, que fue la capital del Reino de ese nombre, fue el centro cultural y un importante zoco de materiales para confeccionar ornamentos sagrados.

Acebo, no lo olvidemos nunca, perteneció al Reino de León. Éramos, como se dice, leoneses, ya que juntos a gallegos, asturianos, extremeños, castellanos, Tierra de Campos y gran parte de Portugal, integrábamos el conjunto de este Reino medieval en el periodo en que se produce su máximo esplendor e, incluso, antes y después de esta gloriosa etapa repobladora.

Es cierto que en la actual provincia de León hay una localidad que lleva el nombre de El Acebo, atravesada por el Camino de Santiago, o El Santuario de la Virgen del Acebo, en Asturias, donde crece abundantemente este pintoresco árbol. Incluso encontramos un Azevo en Portugal, en el concelho de Pinhel, cerca de Guarda. Con todo, donde más prolifera el vocablo, con referencia al acebo, es en Galicia.

Pero tan cierto como aquello es que, nuestro Acebo, (también El Acebo), aparece en los documentos medievales como El´Azevo, igual que el concejo portugués, indicando ciertas pretensiones arabescas. No olvidemos que, actualmente, las zonas en torno al nacimiento del río Jálama y la Cervigona están llenas de árboles silvestres (az-zebis). No os quiero decir nada como sería antes, cuando las crónicas cuentan que los ejércitos se encontraban con un espeso bosque, lleno de alimañas salvajes, a partir de Coria, hacia el norte. Un bosque que se adentraba en la inmensa frontera entre Sierra de Gata y el río Duero y, unos siglos más tarde, entre nuestra Sierra y las Tierras del Tormes.

Entre tanta arboleda y matorral, sólo las piedras, ordenadas en tierra yerta, daban suelo a la gran Vía de la Plata, coincidente en la mayor parte de su trazado con el Camino Mozárabe de Santiago, y a la Calzada de la Dalmacia, que unía Coria con Ciudad Rodrigo por Sierra de Gata. Veredas de paso obligado para el ir y venir de tanto guerrero armado.

Está este pueblo de El Acebo, eso sí, lleno de olivos, naranjos y limoneros. Dicen las crónicas que los árabes llamaban a su fruto az-zaytuna y al oro líquido az-zayt  y, así mismo, el naranjo amargo era narang y su fruta narangah. Así como gustaron de este tipo de árboles también podían gustar de los encajes de bolillos, siendo como eran tan dados a las fábricas y talleres para la hilandería y el tejido de algodón.

Cuando los leoneses llegan a Toledo (s. XI), se encuentran con una ciudad manufacturera de ricos tejidos y pasamanerías y cuando llegan a Sierra de Gata (siglos XI y XIII), para quedarse, ya los encajes castellanos y leoneses se habían enriquecido con las manufacturas hispanomusulmanas.

Hasta entonces la denominación más habitual era la de pasamanos o pasamanería que hacía referencia a todos los trabajos que utilizaban fibras confeccionadas con las manos, para pasar, durante el siglo XVI, a llamarse encajes.

Estamos seguros que fue anteriormente a este siglo XVI cuando se comenzó a fabricar el encaje acebano. Sabemos que ya en el siglo XVI, época en que definitivamente comienza a denominarse y a tratarse el encaje como tal, se cataloga como fabricado en Acebo un torchón de 2x11 cm y se define como “tireta en la que se alternan rectángulos y calados, virguillas en un borde” y, en el siglo XVII, otro como “Torchón de 3x11 cm, con ornamentación de rombos y helechos, alternándose la yuxtaposición”, por poner sólo estos dos ejemplos de los muchos que existen y que tiene catalogados la investigadora María de los Ángeles González Mena.

La Escuela de Acebo, junto a la salmantina y la toledana, se define como especialista en los trenzados en torchón popular.

Lea usted amig@ lector lo que sigue y piense un ratito antes de responder a la siguiente pregunta: ¿Dónde se podía encontrar una artesanía de estilo plateresco recreado sobre estilo gótico, por la técnica de bolillos, donde se labren esquemas de gran suntuosidad, en composiciones de trazo menudo, con hebra muy fina de lino y en los que abunden hojas y motas de gipur y bridas trenzadas?. No, no. No quiero una arquería cualquiera, la quiero diversa y coronada de virguillas, formando caireles.  1, 2, 3, 4 y 5.

Pues donde va a ser, criatura. En la escuela principal de estas producciones que se encontraba en Acebo. Cáceres. No lo digo yo, lo dice la investigadora, citada anteriormente, en un pedagógico trabajo que publicó sobre el encaje de bolillos como colección textil. Añade además que el conjunto del encaje descrito, presenta aspecto caligráfico y miniaturista. Hay es nada.

Eran también típicos de Acebo los paños de puerta –documenta esta misma investigadora-. Eran una especie de paño rectangular que hacía las veces de cortina y pendían recogidas a ambos lados de la puerta. Se colocaban en acontecimientos importantes y llevaban las iniciales de la dueña de la casa y en los bordes encajes de bolillos típicos de Acebo.

Qué estas haciendo?.
Encaje de bolillos.
¡Labor de araña!,
casi de poeta.
¡Orgullosa!.
¡Qué no!. Acércate, mira
 y admira, si comprendes, la tarea.
Torcer y retorcer hilos sutiles
como palabras bellas,
y hacer con ellos rosas,
laberintos, cadenas,
nubes de blonda y gasa,
redes de tul para prender estrellas.
¿No te parece un sueño
toda esta sutileza?.

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Genaro Martínez Sierra (1907).

IMAGEN propiedad de Julián Puerto Rodríguez

IMAGEN 2: Esther Jacinto

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