Soldados españoles en cuba 1845
Soldados españoles en cuba 1845

Eutimio tuvo la desgracia de caer herido de muerte. Junto a él estaba un cabo de la ciudad cacereña de Coria, quien envió una carta a María Vicenta relatando los últimos momentos de valentía del soldado de Acebo

La madre de Juan García, miembro este de la familia de “Los Porora” a quien nos referimos en el artículo anterior (1), fue María Vicenta García Gómez.

María Vicenta era, en aquellos tiempos, una joven moza lozana de Acebo. Al decir de todos muy hacendosa, resuelta y decidida, de una belleza singular. Eutimio, un joven apuesto, la eligió por novia después de una larga amistad amasada desde niños. 

Cuando se preparaban para la boda, el joven fue llamado con urgencia para incorporarse a filas, corría el mes de enero de 1842. Se trató de una expedición militar reclutada en Extremadura. En su marcha dejaba atrás a su novia embarazada. 

Eutimio, tras un mes de recluta en Plasencia, junto a un gran número de jóvenes extremeños, fue destinado a ultramar: Cuba. 

Desde esas tierras caribeñas, el soldado acebano, escribía con frecuencia a su prometida, recordándola y evocando cuanto la quería. En ellas contaba a María Vicenta las peripecias y escaramuzas sostenidas por las avanzadas del ejército español y los levantiscos mambises, recordando siempre al Cordero Bendito, que lo protegía (2). 

Eutimio, era requerido en múltiples ocasiones, por algunos de sus paisanos de la Sierra de Gata, para escribir a sus novias o mujeres o, leerles las cartas que recibían de sus familiares.  Él aprendió a leer y escribir en la escuela particular de Acebo y, entre números y letras, conoció a la que sería su prometida. Ella a su vez, escribía un día tras otro, recordándolo y dándole noticias de su embarazo y luego de su hijito… los progresos, balbuceos, primeros pasos… y … no paraba de expresarle su amor y los deseos de su pronta vuelta a su vida anterior y disfrutar juntos de tanta felicidad como les esperaba. 

Por octubre de 1844, recibió María Vicenta la última carta, donde Eutimio le notificaba que, en el nuevo año de 1845, volverían a estar juntos. Que estaba deseando conocer y besar a su hijo. Que  preguntase al párroco si los papeles que tuvieron que sacar para casarse, antes de su incorporación al servicio militar, les valían o tenían que renovarlos. Que le dijese a sus padres, familiares, amigos, que fuesen arreglando todos los preparativos, pues nada más llegar a Acebo, celebrarían una gran fiesta… la esperada y tan deseada boda.   

Sólo le faltaban quince días para terminar su período de milicia en aquella provincia española, pero… Dios escribe con renglones torcidos…

Soldados españoles en Cuba

Soldados españoles en Cuba 

A partir de 1843 las rebeliones contra las autoridades españolas se habían extendido por toda la “Perla del Caribe”. Loa motines se sucedían en las plantaciones azucareras y cafetaleras. Los trabajadores que construían el ferrocarril de Cárdenas a Bemba (primer ferrocarril en una colonia), instigados por independentistas, se levantaron, dando muerte a los ingenieros y capataces. Estos a su vez eran promovidos, fomentadas sus intrigas, por ingleses y americanos. Más tarde, se descubrió por un “chivatazo” de una joven mulata, que existía un gran complot para el levantamiento el primer día de Pascua de la Navidad de 1844, en que invadirían todos los campos de azúcar, quemando las fábricas y dando muerte a sus amos. El terror y el pánico se apoderó de la sociedad cubana, teniendo que intervenir los acuartelamientos militares, suprimiendo todos los permisos y licencias. 

En unas de las salidas del Fuerte de San Agustín de Aguarás, a 34 kilómetros de Las Tunas, en un intento de sofocar las reyertas de los mambises, Eutimio tuvo la desgracia de caer herido de muerte. Junto a él estaba un cabo de la ciudad cacereña de Coria, quien envió una carta a María Vicenta relatando los últimos momentos de valentía del soldado de Acebo. Le decía, en un papel impregnado de lágrimas secas, pues se notaba en el corrimiento de la tinta, que dijera a María Vicenta que la quería y le mandaba muchos besos a su hijito y su familia. Asegura el cabo cauriense que, mientras besaba la fotografía de su novia e hijo, al tiempo que invocaba al Cordero Bendito, se durmió para siempre en sus brazos (3).  

Estos acontecimientos, y las represalias de los generales españoles, han pasado a la Historia como la “Conspiración de la Escalera”, por ser éste el objeto que se utilizaba para sujetar y ejecutar a los revoltosos (1844). 

María Vicenta no podía creerlo, su casa se  llenó de familiares, de amigas, de gente que, aun no conociéndola, la acompañaban y se hacían eco del dolor, por tan gran pérdida… EL Cordero Bendito fue sacado en procesión recorriendo todo el pueblo de Acebo en silencio sepulcral. Las mujeres, mozas y jovencitas, con sus velos y mantillas, vestidas de negro y todos los asistentes portaron sus lámparas y velas, que permanecieron encendidas durante todo el recorrido.  Las lágrimas se mezclaban con la cera que caía de los velones.

Tras días de llanto, aflicción y pena.  María Vicenta, repuesta de tanto dolor, no teniendo más lágrimas para derramar, se dedicó por entero a criar y cuidar de su hijo Juan, guardando fidelidad perpetua a su infortunado prometido. 

Era mujer muy agraciada, de tez morena y ojos oscuros, de pelo muy largo y negro, como una mora. Cabellera que se cortó, al recibir la triste noticia de la muerte de su amado, quedando casi rapada. 

María Vicenta vistió de morado, con el Cordón del Cordero Bendito, todo el resto de su vida. Mantuvo la promesa en su recuerdo, el hábito hasta la muerte que le sobrevino cerca de los ochenta años. Fue por ello, como es costumbre en los pueblos, que la llamaran, desde entonces, Marialuto (4), pues María mantuvo el luto perpetuo. 

Todos los años siguientes se celebró la Misa funeral por la muerte de Eutimio, en la ermita que hay en la entrada norte del pueblo, junto a un crucero de sillería de término y de humilladero, en el barrio conocido como del Cristo, que da nombre a la citada ermita. 

Todavía, cuando me asomo por la rejilla de la ermita del Cristo, en un rincón de ella, imagino ver a María Vicenta, arrebujada en su toquilla negra, rezando en un silencio sobrecogedor tras el funeral de Eutimio. Una hermosa mujer que sólo vivió para el amor, incluso después de que la desgracia se cruzara en su vida (5).

1.- González Lázaro, Julián. “Los Porora. Una familia de Sierra de Gata (I)". Sierra de Gata Digital del 4 de octubre de 2016.

2.- La imagen de vestir que representa al Nazareno con la cruz a cuestas o Cordero Bendito, es una efigie del siglo XVIII, de autor anónimo, muy venerada en Acebo. Cáceres, que custodia la ermita del Cristo del Humilladero de esta localidad.

3.- La fotografía, impregnada con manchas de sangre, se la envió un cabo de Coria, compañero de Eutimio en Cuba, a María Vicenta García. Se ha conservado durante muchos años entre los familiares de la familia de Los Marialuto de Acebo. 

4.- Desde entonces, todos sus descendientes de María Vicenta heredaron el mote o apodo de Los Marialuto, de cuya familia hablaremos más adelante.

5.- González Lázaro, Julián. “Los Marialuto.  Familia extremeña de la Sierra de Gata”. (Texto original facsímil).

Fotos.- Retratos de soldados españoles en Cuba. 1845. (Dominio público).

 

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