El olivo más viejo del mundo

Olivo de Vouves
Olivo de Vouves

Qué generosidad la tuya, al escribirme estas letras, vamos, mi biografía. Ya sé que eres un enamorado de los olivos, que tienes unos cuantos en diversos parajes de Villanueva de la Sierra, donde nació la Fiesta del Árbol, gracias al sacerdote don Ramón Vacas. Yo desconozco cómo vine al mundo en esta isla de Creta, hace tres mil años, ¡que son muchos años!. Y aquí estoy, en esta bella isla. ¡Cuánta historia podría yo contarte como un Matusalen ¡. Sí, conozco tu amor por nosotros. “Nada hay más ejemplar y más santo que un árbol hermoso y fuerte”. Y como ves, aquí estoy, solemne y admirado, que, incluso, a pesar del tiempo transcurrido, doy mis aceitunas y me dicen que están muy cotizadas. Mira mi tronco, trece metros de perímetro, ¡sorprenderte, verdad¡ Y un diámetro de cuasi cinco metros…¿Altura?: más de doce metros, y dicen que soy de la variedad “tsunati”. Es lo que dicen… En vuestra Sierra de Gata, según me cuentan, hay muchos y buenos olivos… Y tú tienes unos cuantos y sé que gozas al verlos, plateados y mozos, mucho más jóvenes que yo… Yo pertenezco a la antigüedad, vamos, que soy un venerable anciano, que aún doy mis olivas o aceitunas, como quieras llamarlas.

Qué Nuestro Señor Jesucristo pasaría sus angustias en el Monte de los Olivos, por vosotros, los hombres. Todos los olivos que hay, en esta mi isla de Creta, son como mis hijos. Ya sabes, Creta está llena de leyendas, que si era Reino de Minos y que una mujer dio a luz al Minotauro.

No sé cómo resisto, aquí como me ves. Dicen los sabios que somos fuertes, resistimos la sequía, la enfermedad y el fuego. Algo de esto sabrás tú por tus olivares de La Umbría o los del Guijarral, que veo que algunos los abrazas. A mí, sin embargo, aunque quisieras, no podrías, pues dicen que mi diámetro son casi cinco metros, que ya son metros, y de altura más de doce, pero, héteme aquí, que como una reliquia, vienen a verme mucha gente, y se hacen cruces, y me fotografían en esta población de Vouves, que, además, tiene su leyenda, pues como todo lo griego, que si pertenecía al Reino de Creta...

Ya sabes, los árboles llevan, en sí, mucha historia. Naturalmente, son testigos del tiempo; que si los Templarios trajeron las arbequinas desde Tierra Santa. De todos modos, somos viejos protagonistas: Los Templarios traerían las arbequinas desde Tierra Santa. Aquí, mis hermanos, sí sufrieron la cruel muerte de Nuestro Señor...

De todos modos, no recuerdo que gran poeta decía que “nada hay más ejemplar y más santo que un árbol hermoso y fuerte”. Y, en tu país, vamos en España, me dicen que hay, nada más y nada menos, que doscientos ochenta y dos millones de olivos.

Aquí te contemplo, viejo y venerado olivo, te admiro, escucho el aire, oigo el viento, que viene de otro mundo, de otro tiempo y tú sigues aquí, milenario olivo, robusto y viejo, sin que por tu cuerpo pase el tiempo. Vea tus aceitunas como la verían los árabes o las olivas, como en latín, las cantaban los romanos. Que el Emperador Adriano te acuñaría moneda; sí olivo, que una rama tuya y la paloma llevaríais la paz por las nubes; paloma que regresarías del Arca de Noé con un ramo de olivo en tu pico. Aquí estoy, aquí os espero en mi viejo molino. Aquí te sueño milenario olivo griego, que volveré a verte a Vouves, a la vieja isla de Creta, para abrazarte y, por qué no ¡darte un venerable beso!.

Juan Antonio Pérez Mateos, escritor y periodista.

 

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