EL SIGLO XX-4. Y la luz se hizo

Si hoy en nuestras casas se nos va la luz o dicho más finamente no tenemos corriente eléctrica y más aún si es en invierno nos sentimos no solamente congelados, sino lo que es peor: desangelados. No sabemos que hacer. Hoy recordamos la creación de la primera central hidroléctrica de nuestra comarca: la de la Cervigona, en Acebo. 

 

Maquinaria de la antigua hidroeléctrica en Acebo
Maquinaria de la antigua hidroeléctrica en Acebo

Copiemos:

“La Cervigona, la etimología viene del latín, cervi

Así se llama una cuenca profunda o mejor dicho una sima en forma de embudo de unos 250 metros de profundidad por en su boca unos 400 de diámetro, abierta por uno de sus lados por los que salen todas las aguas que allí se recogen en invierno, y continuamente las que descienden de la parte Este de la montaña de Jálama. Sus paredes interiores están llenas de torrenteras profundas, hechas al correr de los siglos por las aguas en ellas llovidas; unas descarnando el suelo de las tierras y piedrecillas de aluvión; y otras limando roca viva de pizarras, quedando al descubierto los distintos colores de éstas, es decir el sucio anaranjado, azul intenso acerado, mate y ceniciento. Entre torrentera y torrentera grandes promontorios de riscos, formados con torreones almenados.

La torrentera principal, que es la que recibe el agua del regato formado por los manantiales del Este de la montaña de Jálama y planicie de la cordillera, es impresionante al mirarla desde su cima, tan terrorífica su vista que a muchos les ha producido vértigo, lo que no es de extrañar, dada la altura de este primer salto de agua, que mide aproximadamente 80 metros, la roca completamente perpendicular.

A continuación de este salto sigue el segundo, de pendiente más suave, pero de igual altura, engalanado con fresnos por los que suben los sarmientos de vides silvestres; y a continuación de éste el tercero que es el que más aterroriza al que los visita. Es un corte vertical en la masa de roca viva de   otros ochenta metros de altura, con los lados igualmente verticales, llenos de grietas como si fueran efecto de un terremoto. Este último salto es desconocido porque para llegar a él es necesario ser arriesgadísimo alpinista y muy conocedor del oficio. 

Dos hombres laboriosos, don Pedro Comerón, vecino de Lumbrales y el señor Godiño, de origen portugués y avecindado en San Felices de los Gallegos, emprendieron el estudio del proyecto de aprovechar el salto de aguas para construir una fábrica hidroeléctrica; el que después llevaron a efecto. Para ello hicieron la presa y desviaron el agua de los saltos descritos por un acueducto a un depósito, desde el que tendieron la tubería, loma abajo del regato llamado El Espartal, hasta el edificio. Para poder llevar la maquinaria desde la carretera de Ciudad Rodrigo tuvieron que hacer una pista desde el sitio llamado Carvajales, por la Cueva de los LLanos, al depósito y desde allí con maromas sujetaban las piezas hasta dejarlas en la fábrica. ¡Qué de disgustos y sinsabores sufrió el don Pedro para captar accionistas! ¡Y qué de sacrificios corporales y vida aperrada el señor Godiño estudiando el proyecto y dirigiendo los trabajos!; durmiendo en el suelo y sin mas compañero, al principio, que su famoso burro que bebía el vino a chorros y su perra tuerta, de tal modo amaestrada que hubiera hecho buen papel en un circo.  Llevaron la luz a los pueblos de Acebo, Hoyos, Villasbuenas, Perales, Cilleros, Villamiel, San Martín y Eljas los que a pesar de tan inmenso beneficio, no les han hecho un pequeño monumento a fuer de agradecidos. Ellos se arruinaron, pero no así sus sucesores, que tienen pingües beneficios

Como español no puedo menos de avergonzarme, cada vez que recuerdo, haber visto la fotografía de esta maravillosa cascada en una revista francesa, hace muchos años, y no en las españolas”.  

Perdón por la larguísima cita. Merecía la pena. Es de la obra inédita del cura de El Payo don Samuel Sousa Bustillos .Indiscutiblemente el paisaje descrito es uno de los más hermosos y desconocidos de la geografía peninsular. La pequeña central hidroeléctrica de La Cervigona, que fue la primera de la comarca y que dejó hace bastantes años de funcionar, produjo un impacto ecológico casi nulo.  

La Hidroeléctrica La Cervigona se constituyó como Sociedad Anónima por escritura pública otorgada ante el notario de San Martín de Trevejo don Leonardo Marcos, el 17 de junio de 1911, con un capital social de 250.000 pta. Tenía su sede social en Hoyos.

Hubo un momento en el que las grandes compañías hidroeléctrícas construyeron grandes presas y se dedicaron a comprar las pequeñas, La Cervigona pasó a ser de Iberduero. El suministro eléctrico a las localidades a las cuales éstas servían fue ofrecido por las grandes. La verdad es que el servicio mejoró notablemente. Aparentemente centrales como la de La Cervigona carecían de sentido y fueron cerradas; La Cervigona lo fue en 1985. 

Cuando hoy las energías alternativas (fotovoltaicas, eólicas) se prodigan por doquier e incluso son alabadas por su ¿escaso? impacto ecológico cabe preguntarse ¿por qué no se han revitalizado las viejas y pequeñas centrales hidroeléctricas? 

Hoy en las proximidades de la vieja central se ha hecho una presa que sirve para el abastecimiento de agua potable a varios pueblos de la comarca. Aunque inicialmente muchos temimos un desastre ecológico afortunadamente el daño causado ha sido mínimo.  

(1) La Hidroeléctrica La Cervigona se constituyó como Sociedad Anónima por escritura pública otorgada ante el notario de San Martín de Trevejo don Leonardo Marcos, el 17 de junio de 1911, con un capital social de 250.000 pesetas. Tenía su sede social en Hoyos.